SEBASTIAN YEPES

Mi nombre es Sebastián Yepes Alzate, nací en Manizales, Colombia el 10 de junio de 1980. Crecí junto a mi madre, mi abuela, tíos, tías y mi hermano mayor. Tuve una infancia muy especial y muy diferente. A mi abuela le debo el apego, la fe en Dios y la ternura; a mi madre le debo la berraquera y la valentía; a mi familia la razón de ser cada día más luchador, y a mi hermano le debo, literalmente, la vida.

No me van a creer, pero quise ser cura gracias a la rezadera de mi abuela. Eso de alguna forma despertó una sensibilidad y una conciencia social en mí desde muy temprana edad. Raro pero no recuerdo haber querido ser bombero, astronauta o algo así. Cuando tenía 13 años por cuestiones de trabajo mi madre, mi hermano y yo nos mudamos a Bogotá, Colombia.

Este cambio de vida fue el que definitivamente marcó mi relación con la música, pues me costó mucho trabajo entrar a un colegio nuevo en una ciudad totalmente diferente para mí. Debido a eso tuve muchos momentos de soledad a pesar de mi corta edad, pues debía esperar entre mi casa a que mi hermano y mi madre llegaran de trabajar y de estudiar. Salir al parque a jugar era demasiado peligroso, pues en esa época, Colombia era azotada por uno de los más grandes terroristas que ha tenido el planeta. Gracias a Dios, en la casa siempre hubo una guitarra y buena música y fue así como empecé a sentir el poder del sonido, pues se convirtió en mi más grande compañía. Pasaba las tardes enteras tratando de seguir con la guitarra los sonidos de “Clásicos de la provincia” de Carlos Vives, mezclados con la dulce melancolía del “Blood sugar sex magic” de los Red Hot Chili Peppers.

Fue por el amor a la música que pude conseguir mis primeros amigos en Bogotá, más tímidos que yo por supuesto, y por eso en vez de salir a conseguir amigas, decidimos hacer una banda de punk. Como nadie quería tocar el bajo eléctrico, yo me ofrecí y le doy gracias a la vida por haber descubierto la magia de ese increíble instrumento. Desde entonces entendí que cada uno tiene un camino especial y está en uno y solamente en uno recorrerlo de la mejor manera para lograr la verdadera felicidad.

Mi vida dio muchas vueltas entre 1993 y 1999. Mi madre y yo nos regresamos a Manizales. Mi hermano se quedó haciendo su carrera en Bogotá y desde entonces recuerdo que los momentos más diferentes y a veces difíciles de la vida han sido cuando este man ha estado lejos de mí. Mi madre, una mujer amorosa y complaciente siempre ha necesitado de mi hermano para poder aterrizarme. Yo soy muy distraído y desentendido de muchas cosas normales en la vida. A veces, en vez de sentir que camino por el cemento veo solo pasto y flores. Soy un apasionado por los olores naturales y, por vivir en las nubes; todo lo que llega a mis manos sufre una transformación especial. Eso quiere decir que por elevado soy demasiado torpe y suelo dañar o perder todo lo que a mis manos llega. Pobre mi hermano jajaja, qué paciencia la que ha debido tenerme. Cuando terminé mi secundaria entré en una crisis porque sentía un poco de temor por dedicar mi vida a la música, y, como segunda opción, empecé a estudiar medicina. A veces el ser humano crece codificado de manera errada; los esquemas no son tan necesarios. Cada uno tiene su propia historia, ¿miedo de qué? Nadie vive la vida por ti, ese es nuestro primer regalo, LA VIDA, nuestra propia vida, la historia que cada uno escribe.

En ese orden de ideas sólo hice dos semestres de medicina y renuncié a esta carrera para entregarle mi vida a la música. Volví a instalarme de nuevo en Bogotá esta vez sin mi madre ni mi hermano, totalmente solo enfrentando el mundo con 20 años. Muchos sueños y poco o casi nada de dinero para vivir. Estaba dispuesto a abrirme un camino en la música, aunque el precio fuera alto. Nunca perdí la fe y gracias a Dios y a mi ambición conocí gente valiosa con la que hice una banda de pop llamada Sanalejo. La vida es increíble y aunque trabajemos duro y tengamos claras las metas, debemos dejarnos sorprender por los días. Sanalejo, gran época de mi vida, tres discos grabados (2003-2005-2007), muchos conciertos, muchas ciudades, muchos amigos nuevos, mucha carretera, mucho aprendizaje, mucho esfuerzo, mucha alegría, sin duda mi mejor escuela. Qué bien la pasé, pude vivir intensamente, todo por agradecer…

No se vive de la música. Se vive para la música. Creo muchísimo en la fuerza del destino, en la mano y el amor de Dios sobre nosotros. Tengo claro que es la música la que justifica mi existencia. De un gran artista español aprendí que el éxito reside en la posibilidad de vivir en función de lo que realmente amamos. Esa es mi felicidad, esa es mi fuerza; saber que puedo levantarme todos los días a enfrentar la realidad a través de mi sueño. LA MÚSICA.